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domingo, 18 de septiembre de 2011

A continuación

Un momento inolvidable de la televisión que denuncia una invalorable oportunidad perdida. ¡Qué maravillosa hubiera sido una película musical con Julie y Gene! Por la química entre ellos, por lo bien que sus voces combinan y por la magia que generan. Pero no hay nada que hacer, ¡no hay nada más idiota que un productor de Hollywood!

 (Dedicado a mi hermana, Alejandra, porque aquella mañana de febrero que nos enteramos que Gene había muerto, se nos piantaron gruesos lagrimones, cualquier hubiera dicho que se nos había muerto alguien muy cercano. Y por absurdo que parezca, así había sido.)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Día del Maestro

Si Atahualpa Yupanqui en Los hermanos dice: Yo tengo tantos hermanos que no los puedo nombrar..., yo podría parafrasearlo y decir: Yo tengo tantos maestros que no los puedo nombrar.Son muchos porque grandes fueron, son y serán mis ganas de aprender. Posteo aquí sólo algunos, a los que encontré a mano, sin rebuscar demasiado en los archivos de imágenes. Y en ellos vaya mi homenaje a todos los maestros de la vida, que con obra y ejemplo, y no cháchara y hojarasca, sientan cátedra.
En la foto, mi maestro favorito del cine: el Mr. Chips de Peter O'Toole

jueves, 8 de septiembre de 2011

Nunca en domingo



Esta canción de Manos Hadjidakis tiene dueña: Melina Mercouri. Porque fue escrita para ella, porque su interpretación es única, y porque está en la película del mismo título que la convirtió en una superestrella internacional de merecida fama, ya que fue una de las actrices más fascinantes que pisaron esta tierra. Como la canción es muy hermosa, muchas se la alquilaron, y la versión de Eartha Kitt sino la mejor, está entre las mejores.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Nacha - Tita


El domingo pasado volví a ver Tita, una vida en tiempo de tango y me gustó mucho más que la primera vez. Quizá porque ya no le pedía que fuera Eva, el gran musical argentino. Eva es un hito culminante y tal vez irrepetible del teatro argentino. Por la maestría del libro de Pedro Orgambide, la exquisitez de la partitura de Alberto Favero y por la magnificencia de la puesta y actuación de Nacha Guevara. Tita no es perfecta como Eva, pero a pesar de sus peros (un libreto no siempre elocuente, un elenco muy desparejo y algunas decisiones estéticas discutibles) es valiosa a su modo. Porque Nacha, como puestista, logra algunas imágenes expresivas, certeras y poderosas; porque los arreglos de Favero son bellísimos (incluso con el superlativo me quedo corto, de la  primera a la última nota, el oído es acariciado como pocas veces en el teatro; aunque fragmentariamente lo que digo puede comprobarse en el video que sigue) y porque Nacha, como intérprete, es una fuerza de la naturaleza, un verbo encarnado, una bestia escénica arrolladora, deslumbrante y conmovedora. Y porque hay un momentito sublime que justifica el espectáculo y compensa los peros: “Dónde hay un mango, viejo Gómez”. Conjuga un arreglo musical muy original, una coreografía deliciosa y una salida de escena como en una película de Carlitos Chaplin. Un dechado de talento y creatividad, el numerito.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Rojos

El ensamble del ejército rojo (o la Asamblea A. V. Aleksandrov, nombre de quien fuera su fundador) comenzó en 1926, pero se hizo famoso en 1933. Fueron algo así como la embajada artística del ejército ruso. Hoy son sólo una compañía prestigiosa que mantiene vivo el folklore tradicional ruso. En el video que se presenta a continuación se los ve en uno de sus momentos más deslumbrantes. (Estos hombres no tienen rodillas!!! Y los pivotes son poesía pura, mire. Please, no se lo pierdan)

martes, 23 de agosto de 2011

Ziegfeld Follies

En una revista de los años 20, Florenz Ziegfeld armó un cuadro que homenajeaba a la luz. Puso a sus chicas a representar alegorías de distintas fuentes de luz. Observen, por favor, con cuidado los detalles de estos vestuarios porque son..., perdón, me quedé sin adjetivos. 

sábado, 20 de agosto de 2011

Sábado ruso


Kalinka es la canción más popularmente asociada con la Madre Rusia. Se la cree una canción tradicional anónima de origen folklórico, pero fue escrita por Iván Petróvich Lariónov en 1860, y se interpretó por primera vez en Sarátov como parte de una obra teatral que él había compuesto. 
La letra arranca como una celebración de la baya de un arbusto, pero a la tercera estrofa se comprende que no es una canción botánica, sino que el elogio de la baya se usa como metáfora de la amada. Es por lo tanto una canción de amor.

miércoles, 6 de julio de 2011

Hoy: Especial matrimonios

Bueno, más que matrimonios, finales de matrimonios. A través de gente famosa, ejemplificaremos algunos finales posibles para un matrimonio. Saquen ustedes sus propias conclusiones. No sé por qué, pero a mí me vienen dos frases de Sacha Guitry a la mente: "Si tener esposa fuera algo bueno, Dios tendría una" y "El secreto de un matrimonio feliz es perdonarse mutuamente el haberse casado". (Como podrán comprobar, hoy no estoy como para escribir una comedia romántica...)

sábado, 21 de mayo de 2011

Naomi

Naomi Watts, un talento que ya no sorprende
por Fernando López

Cuando David Lynch la descubrió en el casting para Mulholland Drive, un piloto para una serie de TV, le confió al diario Los Angeles Times: "He visto a alguien en quien percibí enorme talento, una gran inteligencia, un alma bella y la posibilidad de afrontar diferentes papeles: una combinación maravillosa". El proyecto no prosperó, pero cuando Lynch pudo convertirlo en un largometraje en 2001, conservó para Naomi Watts el complejo doble papel de una aspirante a actriz metida en la trama laberíntica y alucinada de un thriller. Con El camino de los sueños (así se llamó entre nosotros), la exquisita actriz anglo-australiana sorprendió al público y a la crítica, cosechó un puñado de premios y dejó de integrar para siempre la extensa galería de intérpretes de mucha experiencia y escasa notoriedad que suele circular por Hollywood.


Ahora, hace rato que no sorprende a nadie. Al contrario, de ella sólo se esperan autoridad y compromiso interpretativo, trabajos pulidamente elaborados, entrega absoluta a las necesidades de cada personaje. De su ductilidad sobran pruebas; ahora mismo acaba de sumar con Poder que mata su impecable personificación de Valerie Plame, la agente encubierta de la CIA cuya identidad fue revelada en medio de un escándalo a propósito de las mentiras con que el gobierno de Bush justificó la invasión de Irak. Y aún es posible disfrutar de la impresionante elocuencia de su mirada en la escena de Conocerás al hombre de tus sueños, en la que espera de su jefe (Antonio Banderas) una declaración que nunca llega.


Por otro lado, todavía perdura el recuerdo de otras composiciones bien diferentes: la de Amor de madres, en la que era una abogada hiperprofesional, autosuficiente y fría, pero muy dada a fugaces encuentros puramente sexuales. O la conflictuada partera de Promesas del Este, involucrada en un asunto que la lleva hasta la mafia rusa en Londres. O la frívola inglesita burguesa que experimenta en El velo pintado una sustancial transformación cuando conoce la durísima realidad del cólera en la convulsionada China de los años veinte.


Las cosas no fueron fáciles para Naomi. Nacida en Inglaterra en 1968 y criada en Australia, cuenta que a los 11 años vio Fama y decidió ser actriz. Cuando su familia se trasladó a Australia, estudió actuación, se desilusionó con su primer papelito (For Love Alone), decidió probar fortuna como modelo en Japón ("la experiencia más deprimente de mi vida") y juró no volver a ponerse delante de la cámara. Pero en 1991 ya estaba de nuevo en el set. De Un romance en blanco y negro, le quedó la amistad de Nicole Kidman, que le daría ánimos cuando las cosas no salieran del todo bien en Sydney y, más tarde, en Hollywood. Filmó más de quince películas y unos cuantos telefilms, hasta que llegó el decisivo trabajo con Lynch y en seguida la intrépida reportera de La llamada, que consolidó su popularidad. Por fin, 21 gramos le dio, en 2003, su primera nominación al Oscar. Y hasta supo arreglárselas para ponerle espesor humano a la rubia que siempre seduce a King Kong.


Seguirá hablándose de ella por causa de futuros estrenos, entre ellos J. Edgar, la biopic de Clint Eastwood, en la que encarna a la secretaria del controvertido jefe del FBI, papel a cargo de Leonardo DiCaprio. Y acaso un proyecto recién anunciado que la reunirá en la pantalla con Liv Schreiber, su marido (y padre de sus dos hijos). Es otra historia real: la de Chuck Wepner, el boxeador recordado por haber aguantado los quince rounds de una pelea con Muhammad Ali en 1975 y que -según se dice- inspiró a Sylvester Stallone el personaje de Rocky. El film se llamará The Bleeder, el apodo que el púgil mereció por sus cejas, que sangraban fácilmente. Aunque él se define como "el sobreviviente de Ali".

sábado, 7 de mayo de 2011

Belmondó

Belmondo, de regreso a las páginas de cine

Por Fernando López

Motivos que justifiquen un homenaje de Cannes a Jean-Paul Belmondo sobran. En aquel muchacho larguirucho de hombros anchos y huesudos, nariz de boxeador y labios abultados al que Godard confió el papel central de Sin aliento y convirtió en el antihéroe símbolo de la rebeldía nuevaolera, todo era nuevo. La mezcla de dureza y ternura, la irresistible desfachatez del granuja, el atractivo sexy de un rostro anguloso y perruno sobre el físico fibroso y ágil de un deportista, la ironía burlona que solía sorprender en la reciedumbre del gesto. Fue un rostro típico de la nouvelle vague : si al principio jugó a ser el Bogart francés, también supo asumir la herencia de Jean Gabin o de Michel Simon, pero siempre con su rasgos propios. Y si trabajó con los más grandes -Chabrol, Melville, Truffaut, Resnais, Sautet, Verneuil, De Sica, Bolognini, además de Godard, claro-, también disfrutó de las aventuras y las comedias que lo hicieron popularísimo y en las que podía darse el gusto de doblar sus propias escenas de riesgo. Carisma le sobra y su facha de simpático bribón sigue conquistando al público a pesar de los 78 años que acaba de cumplir. Y si lo que importa son los números, hay que anotar que en cincuenta años de carrera Belmondo supo llevar a las salas a más de 130 millones de espectadores.

* * *

Pero no es sólo por celebrar su trayectoria que Cannes va a organizarle una fiesta, estrenar un documental que le fue dedicado por un fan - Belmondo, itineraire -, que se verá el mismo día (17) por televisión, y proyectar al aire libre algunos de sus films más recordados. En el fondo, la invitación apunta por lo menos a otros dos objetivos. Por un lado, reparar una vieja culpa: en su edición de 1974, el festival recibió con indisimulada hostilidad a Stavisky, el film de Alain Resnais que Belmondo presentaba en la competencia; desde ese día, nunca más volvió a La Croisette, y hay quienes dicen que el disgusto lo impulsó a dedicarse a partir de entonces casi con exclusividad al cine de puro entretenimiento.


Por otro lado, promover su regreso al mundo al que pertenece. "Será una manera de tener a Jean-Paul de vuelta en las páginas de cine y no en las secciones de chismes de los periódicos", ha confesado Thierry Frémaux, delegado general del festival, quien hizo la gestión personalmente para asegurarse la visita del actor. Sucede que en los últimos tiempos, la vida privada de Belmondo ha sido la comidilla de los profesionales del cotilleo. No tanto por su salud -en 2001 sufrió un accidente cerebrovascular que le dejó graves secuelas y lo obligó a emprender un largo período de rehabilitación-; ni por el film que Francis Huster lo invitó a rodar en 2008, una versión de Umberto D, que hizo bramar de indignación a algunos de sus amigos, como Alain Delon ("nunca debió ser filmado") o a medios como Cahiers du Cinéma ("transforma el homenaje en gala de beneficencia"), sino, sobre todo, por la relación que entabló hace tres años con la belga Barbara Gandolfi, ex modelo de Playboy , que tiene 43 años menos que él y es muy amiga de aparecer en los medios. El año pasado, hubo un verdadero escándalo en torno de un abultado préstamo que le habría hecho Belmondo. Y no era la primera vez que los rumores acusaban a Gandolfi de sacar provecho del actor, cuya carrera se desmoronó después del ataque.


Para Belmondo, los homenajes tienen un costado solemne que lo aburre. Pero en este caso, aceptó porque -dice- le gustará encontrarse en la fiesta "con viejos amigos del conservatorio; Jean Rochefort, Claude Rich, Françoise Fabian, Jean Pierre Marielle Y además estaré orgulloso de llegar con Barbara."

Sobran los motivos que justifiquen un homenaje en el festival de Cannes al actor de 78 años.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Grand Guignol




Hacia 1894, a un tal Oscar Méténier se le ocurrió abrir en París, al fondo de un pasaje en el barrio de Pigalle -20, rue Chaptal-, en lo que había sido una capilla desafectada, una pequeña sala (293 localidades) a la que bautizó Grand-Guignol, dedicándola al cultivo del horror. Explotaba la curiosidad morbosa, común a casi toda la humanidad, por los excesos del crimen y la violencia cuando se los puede contemplar desde una cómoda butaca, sin real peligro pero experimentando el escalofrío de la proximidad.


Méténier se especializó en ofrecer espectáculos de un verismo alucinante, pródigo en torturas, mutilaciones y litros de sangre de utilería, con la ayuda de un prolífico autor llamado André de Lorde, responsable, entre 1901 y 1926, de un centenar de obras en colaboración con el psiquiatra Alfred Binet. El escenario predilecto era un manicomio, donde internados y profesionales se entregaban a toda clase de tropelías, como lo testimonian algunos títulos: El laboratorio de las alucinaciones, Un crimen en el manicomio, La horrible pasión demencial . Etcétera. Cada uno de los sucesores de Méténier se esmeró en perfeccionar técnicamente los horrores perpetrados en el escenario, cuya víctima predilecta fue una actriz, Paula Moxa, apodada "la mujer más asesinada del mundo", quien entre 1917 y 1930 fue (dice la estadística) 10.000 veces sacrificada de 60 maneras distintas de sadismo, y 3.001 veces violada.


La publicidad del Grand-Guignol aseguraba que no menos de dos espectadores (mujeres, sobre todo) se desmayaban por noche

Fragmento del artículo "El teatro de los horrores" de Ernesto Schoo