Belmondo, de regreso a las páginas de cinePor Fernando López
Motivos que justifiquen un homenaje de Cannes a Jean-Paul Belmondo sobran. En aquel muchacho larguirucho de hombros anchos y huesudos, nariz de boxeador y labios abultados al que Godard confió el papel central de Sin aliento y convirtió en el antihéroe símbolo de la rebeldía nuevaolera, todo era nuevo. La mezcla de dureza y ternura, la irresistible desfachatez del granuja, el atractivo sexy de un rostro anguloso y perruno sobre el físico fibroso y ágil de un deportista, la ironía burlona que solía sorprender en la reciedumbre del gesto. Fue un rostro típico de la nouvelle vague : si al principio jugó a ser el Bogart francés, también supo asumir la herencia de Jean Gabin o de Michel Simon, pero siempre con su rasgos propios. Y si trabajó con los más grandes -Chabrol, Melville, Truffaut, Resnais, Sautet, Verneuil, De Sica, Bolognini, además de Godard, claro-, también disfrutó de las aventuras y las comedias que lo hicieron popularísimo y en las que podía darse el gusto de doblar sus propias escenas de riesgo. Carisma le sobra y su facha de simpático bribón sigue conquistando al público a pesar de los 78 años que acaba de cumplir. Y si lo que importa son los números, hay que anotar que en cincuenta años de carrera Belmondo supo llevar a las salas a más de 130 millones de espectadores.
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Pero no es sólo por celebrar su trayectoria que Cannes va a organizarle una fiesta, estrenar un documental que le fue dedicado por un fan - Belmondo, itineraire -, que se verá el mismo día (17) por televisión, y proyectar al aire libre algunos de sus films más recordados. En el fondo, la invitación apunta por lo menos a otros dos objetivos. Por un lado, reparar una vieja culpa: en su edición de 1974, el festival recibió con indisimulada hostilidad a Stavisky, el film de Alain Resnais que Belmondo presentaba en la competencia; desde ese día, nunca más volvió a La Croisette, y hay quienes dicen que el disgusto lo impulsó a dedicarse a partir de entonces casi con exclusividad al cine de puro entretenimiento.
Por otro lado, promover su regreso al mundo al que pertenece. "Será una manera de tener a Jean-Paul de vuelta en las páginas de cine y no en las secciones de chismes de los periódicos", ha confesado Thierry Frémaux, delegado general del festival, quien hizo la gestión personalmente para asegurarse la visita del actor. Sucede que en los últimos tiempos, la vida privada de Belmondo ha sido la comidilla de los profesionales del cotilleo. No tanto por su salud -en 2001 sufrió un accidente cerebrovascular que le dejó graves secuelas y lo obligó a emprender un largo período de rehabilitación-; ni por el film que Francis Huster lo invitó a rodar en 2008, una versión de Umberto D, que hizo bramar de indignación a algunos de sus amigos, como Alain Delon ("nunca debió ser filmado") o a medios como Cahiers du Cinéma ("transforma el homenaje en gala de beneficencia"), sino, sobre todo, por la relación que entabló hace tres años con la belga Barbara Gandolfi, ex modelo de Playboy , que tiene 43 años menos que él y es muy amiga de aparecer en los medios. El año pasado, hubo un verdadero escándalo en torno de un abultado préstamo que le habría hecho Belmondo. Y no era la primera vez que los rumores acusaban a Gandolfi de sacar provecho del actor, cuya carrera se desmoronó después del ataque.
Para Belmondo, los homenajes tienen un costado solemne que lo aburre. Pero en este caso, aceptó porque -dice- le gustará encontrarse en la fiesta "con viejos amigos del conservatorio; Jean Rochefort, Claude Rich, Françoise Fabian, Jean Pierre Marielle Y además estaré orgulloso de llegar con Barbara."
Sobran los motivos que justifiquen un homenaje en el festival de Cannes al actor de 78 años.
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